RAÚLDELCUADRO.

La casualidad quiso que mi 'yo de la infancia' no sufriera las adversidades de un seudónimo con mala rima.

En el caso de haber nacido niña mi madre estaba empeñada en llamarme Gala. Por supuesto, ella ignoraba la pintoresca relación que ese nombre poseía con la mujer de Dalí. Lástima, nací niño.

Mis padres estaban decididos a llamarme Marcos, pero mi abuelo lo prohibió terminantemente. Así se llamaba el burro de labranza que tenía mi familia. De no haber sido así mi nombre hubiera acarreado con un juego de palabras propicio de una buena mofa.

La que fuera compañera de piso de mi madre por aquel entonces fue mi salvadora. Begoña sugirió un nombre corto, sencillo, directo y fácil de recordar.
Me llamo Raúl, Raúl del Cuadro.

Desde que decidiera abandonar Gijón con casi 18 años y mudarme a Madrid a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas mi vida pasó a convertirse también en un auténtico cuadro. ¿Queréis saber qué fue de él? Es tan sencillo como hacer click aquí.